XI. »Trinidad« 1986

Joseph Sudbrack SJ 1991

Frederick Bunsen
Trinität 1986, 90 cm x 71 cm, Acryl auf Papier


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»Oscuridad del Silencio Aclarecida«

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Apenas es posible abarcar con una sola definición todo lo que se denomina como "pintura abstracta”. Con la ayuda de un diccionario se podría circunscribir como "un modo de representación que se ha despojado de cualquier relación con la realidad visible”. Pero cuando esa definición continúa diciendo: "y que para su expresión solamente emplea los medios, la forma, el color y el trazo que le son intrínsecamente propios”, contradice con ello a gran parte de la pintura abstracta; pues los artistas de la abstracción desean expresar con sus obras de arte una infinidad de lo subjetivo, de sentimientos, experiencias y anhelos. También con la perífrasis de "pintura no-figurativa” solamente se está expresando lo que esta pintura no desea ser; pero no lo que de hecho es. Con ello, por ejemplo, no se considera suficientemente la muchas veces muy consciente subjetividad: El artista desea - en forma independiente de las circunstancias objetivas - representar su mundo empírico; o bien, desea darle vida a la fuerza inherente de los materiales de la pintura o de la escultura, sin apoyarse en otras formas de expresión plástica. En el debate valorativo no se debe olvidar además que en todo gran arte pictórico como en todo arte verdadero existe mucha "abstracción”.

Seguramente nos encontramos con el arte explícitamente llamado "abstracto” en medio del escepticismo o incluso del hastío del siglo XX. Nos encontramos ante la

pregunta: ¿Qué señala, dónde se encuentra de hecho la realidad? ¿Es aquello que vemos con nuestros ojos y que palpamos con nuestros dedos realmente la realidad, o debemos dejarnos guiar más a lo profundo? Y como asqueados de una reproductividad trivial, los "abstractos” buscan otras dimensiones de la realidad.

Y esto al parecer hace su arte adecuado para representar verdades y sabidurías del más allá, trascendentes. No es casualidad que uno de los libros fundamentales de este arte pictórico se llame: "En torno a lo Espiritual en el Arte”. Wassily Kandinsky ya en 1912 lo escribió como obra programática.

Para una persona que aún no está familiarizada con este arte múltiple, la música puede ser un buen camino para aprender a conocer y valorarlo. También la música facilita experiencias "no-objetivables” (como se circunscribe el arte abstracto). Pero no se debe pasar por alto que algún arte abstracto no tanto quiere transmitir "experiencias” e "impresiones”, sino simplemente uiere representar.

No debería caber ninguna duda, sin embargo, de que este arte debe tomarse en serio en el ámbito religioso. Pues "religión” - cristiana o no - incursiona en lo "no-figurativo”, lo "no-objetivable”, lo "abstracto”. Una "imagen” de Dios solo tiene valor en cuanto su carácter de "imagen” es sobrepasado hacia lo no-”imagin”-ativo.

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»Oscuridad del Silencio Aclarecida« (Dionysios Areopagita)

En la búsqueda de una imagen actual "abstracta” de la trinidad solo fue posible encontrar a Frederick D. Bunsen, quien se atreve a relacionar una imagen "no figurativa” con este planteamiento religioso directo. La pintura reproducida pertenece a un ciclo de varias pinturas con el mismo título "Trinidad”.

Sin el elemento del sobrepasar, del no poder palpar, cualquier planteamiento acerca de Dios, cualquier imagen de Él es simplemente incorrecta. Agustín lo repite a menudo: "Cuando comprendes, no es Dios. Palpar con el espíritu algo de Dios conlleva una dicha grande, comprender, sin embargo, es absolutamente imposible.”

Una razón para eso se halla en el ser humano mismo, es la incapacidad de cualquier ser creado, también del ser humano, de comprender lo no creado. Ante la luz de Dios el ser humano se encandila - según una imagen tomada de la tradición griega por Juan de la Cruz - como el búho ante la luz del sol. Pero este encandilamiento se debe más profundamente todavía - como continúa escribiendo el preceptor eclesiástico de la mística - a la misma incomprensibilidad de Dios.

Un texto fundamental de la edad media de la mano del Papa Gregorio el Grande describe a Dios de la siguiente manera: "El siempre mismo en todo, como fuera de todo, como encima de todo. Reinando desde arriba, apoyando desde abajo, cubriendo desde afuera, penetrando desde adentro. Uno y el mismo es Él como un todo en todas partes: sosteniendo por medio del reinado, reinando por medio del sustento, penetrando por medio del rodeo, rodeando por medio de la penetración.” Para comprender estos planteamientos paradojos, hay que tener presente que para comprender y entender siempre es necesario delimitar y comparar con otras cosas. Pero ¿de qué se puede delimitar a Dios, si él lo abarca todo? ¿Y con quién se le puede comparar si en él se encuentra todo, si él es la razón de todo?

Pero acerca del silencio ante Dios, en el cual debe culminar cualquier verdadero conocimiento de Dios, se lee en las obras del teólogo francés Cardenal Henri de Lubac, quien como ningún otro describió el gran secreto de Dios y hace alusión a él con la ayuda de un sinnúmero de testigos místicos, lo siguiente: " El silencio no se encuentra al comienzo; se encuentra al final. No hay nada peor que una teología negativa que viene a destiempo. El juego de la afirmación y de la negación no es un juego sin reglas.” Eso quiere decir: El silencio es la culminación del conocimiento y de la experiencia de Dios. "Cuando el cordero abrió el séptimo sello, se hizo el silencio en el cielo, aproximadamente por media hora” (Apocalipsis 8,1). Pero esta cima en la altura de Dios tiene como base las múltiples imágenes y experiencias de nuestro mundo. Es necesario haber subido -a veces con gran esfuerzo- a esta cima, para poder experimentar en silencio la infinita vastedad de las cumbres divinas.

También son estas reglas del juego por las cuales hay que dejarse guiar al contemplar "Trinidad” de F.D.Bunsen. Él mismo lo enfatiza cuando escribe: "El arte es un lenguaje que puede ser leído, pero en el cual no se deben introducir proyecciones”. Entonces uno no debe simplemente seguir una sensación emocional, sino debe leer correctamente su arte, el cual él llama una "negación de la mentira”. La gramática y el diccionario para ello son su acción de pintar durante el proceso de la creación de la pintura. Exactamente esto debe ser entendido por aquel que intenta acceder a una comprensión de la pintura. "Aquello que él crea (hace), (es) él mismo en su cognición”. El que contempla el arte debe entonces en su comprensión ponerse en aquel camino, en el cual surgió la misma pintura. En un inicio entonces hay una superficie vacía. La mirada permanece sobre ella por largo tiempo. Todo lo creativo se inicia tal como la acción de Dios en el primer capítulo de la Biblia -en el vacío o en el no-órden. Solamente una mano "vacía” puede ser llenada. Entonces el pincel del artista aplica un color blanco, el cual pasa hacia el gris, sino acaso al negro. Desde el borde inferior se suman más líneas: ¿dibujan un rojo del fallecimiento o un rojo de la vida? Bunsen no se cansa en enfatizar que el trasfondo de su arte es la lucha contra la muerte: "Vida como negación de la muerte - la muerte la veo y la pinto. Con ello la vida entra a la pintura.” Así más o menos contestó a la pregunta de un periodista: "¿Dónde está Cristo?”

Desde arriba cae algo de azul en la pintura. ¿Qué cosas no significa el azul? Melancolía ("El piano azul” de Else Lasker-Schüler), ascensión al cielo (El vitral de Chagall en San Esteban, Maguncia). Entremedio se encuentran tendidos "alambres de púa”: el inferior seguro que surgió de dureza, sufrimiento y dolor y parece emerger de la confusión del proceso de la coloración.

¿Se puede continuar con la interpretación? Bunsen explica la gestación de su arte en analogía a la trinidad: "Dios-Padre, desde el cual se crea (¿se hace?), y Dios -Hijo por el cual se manifiesta. En lo vivo de la gestación, en el hacer-arte el artista se reconoce a sí mismo y es reconciliado. Vida es inspirada en el artista: Dios, Espíritu Santo, espíritu como dimensión de lo que está entre”.

Este "entre” es el lugar de la comprensión. Para Martin Buber este "entre” del encuentro entre yo y tú es el origen de todo ser, él lo llama "espíritu". En este "entre” -entre la pintura y yo, entre el pintor y yo, entre tú y yo- adquiere vida lo que significa "Trinidad”: el abierto "entre” del diálogo. Así escribe Agustín: "Obliga a tu corazón a pensar lo divino. Pero no puedes decir: esto es. Solamente di: esto no es! Pues si dices que es Dios, no lo ves, pues es inexpresable lo que ves.”

Para Teilhard de Chardin en este "entre” irrumpe una nueva dimensión de la historia universal. No solamente la dimensión de Agustín, arriba hacia Dios y en el propio aquí hacia el prójimo, sino también hacia adelante hacia el futuro de Dios y de los hombres. Es la dimensión del amor la que debe crecer "entre” los hombres y toda criatura y que les permite crecer hacia la unidad del punto Omega.

Josef Sudbrack SJ

en: El abismo divino 1991 ("Der göttliche Abgrund"), Echter Verlag Würzburg, p.49-50


(Translation - Marietta Ruhland 1997)

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